SAN

30 diciembre, 2022 0 Comments

El sector agropecuario representa una pequeña proporción de la economía mundial, pero sigue siendo de vital importancia para la vida de millones de personas. Las unidades productivas agropecuarias juegan un papel fundamental en la alimentación de la población mundial y se esfuerzan por disminuir el hambre que prevalece en muchos países. En la República Dominicana se ha caracterizado por ser el principal motor que impulsa la economía dominicana, aportando al desarrollo de la nación con la generación de empleos, divisas y dando garantías para la seguridad alimentaria del país.

Conforme al levantamiento estadístico del pre censo realizado por la Oficina Nacional de Estadística (ONE) en 2015, en República Dominicana existen unas 319,676 unidades productivas agropecuarias. En términos de regiones de desarrollo, Valdesia, Cibao Norte y Cibao Nordeste son las que concentran una mayor cantidad de unidades, con 15.6%, 13.7% y 13.7%, respectivamente. En el contexto provincial, San Juan es la que tiene una mayor cantidad de mipymes agropecuarias (8.1% del total nacional), seguidas de Monte Plata (6.4%) y San Cristóbal (6.3%).

El 62.6% se dedica exclusivamente a la siembra de productos agrícolas (200,268 unidades), el 20.0% se dedica solo a la cría de animales (63,803 unidades),  mientras que el 16.3% se dedica a ambas actividades (52,187 unidades). El 1.1% restante se dedica a siembra de árboles forestales o maderables, siembra de árboles forestales y cría de animales, o siembra de flores y plantas ornamentales (3,418 unidades).

Datos de la FAO indican que, para el 2017, la cantidad de personas que pasaban hambre en el mundo era de 821 millones, manteniéndose este mismo nivel para el 2018. Para el 2020, el estudio de referencia indicó unos 118 millones de personas más que en 2019 sufrieron hambre, estableciéndose un tope de 811 millones de personas en esta situación.

En el caso dominicano, y según informaciones de la FAO, en República Dominicana, nuestro país presenta un nivel de subalimentación de alrededor de un 5,5% de la población, colocando en 600,000 personas las que están en condición de inseguridad alimentaria. Por el otro lado, el caso de Haití es sumamente preocupante, en donde cerca del 47% de la población no ingiere la cantidad de nutrientes que su cuerpo necesita.

En tiempos de pandemia y post pandemia el sector agropecuario nacional continuó operando, logrando mantener estable la disponibilidad de alimentos esenciales a la dieta, y aumentos considerables en la producción de arroz, cebolla, batata, yuca, papas entre otros. Lo anterior, acompañado por políticas crediticias del Banco Agrícola, facilitó que la producción nacional sobre el consumo se mantuviese por encima del 80%, tanto en 2020 como en 2021.

El principal enfoque del sector agropecuario debe estar orientado a generar riquezas para todos desde nuestras tierras y unidades agro-productivas, estamos convencidos de que con la revalorización de nuestra producción podemos convertirla en un amortiguador y en un elemento dinámico para el desarrollo. Debemos tener claro que la agropecuaria ayuda a minimizar los impactos que ocurren en un periodo de crisis y evita que el crecimiento de la economía se contraiga a mayores tasas. Como es un sector que tiene mayores efectos redistributivos que los demás, se estima que un crecimiento del PIB atribuible a la agropecuaria, impacta positivamente en los ingresos de los sectores más pobres, siendo ese impacto de dos a cuatro veces mayor que un crecimiento atribuible a otros sectores.

La agropecuaria es la actividad más eficiente para reducir la pobreza extrema (más que otros sectores de la economía, como la industria y la construcción), al tiempo que retiene a nuestra gente de comunidades rurales, evitando así su migración a las ciudades y al exterior. Con políticas adecuadas dirigidas a este sector, se tiene un alto potencial para aumentar la productividad en el corto plazo, coadyuvar a mejorar la seguridad alimentaria, reducir la dependencia de importaciones y contribuir a la reducción de la pobreza.

En conclusión, para dinamizar la contribución de la agropecuaria al desarrollo y la reducción de familias pobres y familias en extrema pobreza, se debe fomentar una mayor diversificación productiva, aumentar la agregación de valor y promover la agro industrialización, para lo cual no basta con tener una estrategia agresiva de penetración de mercados, sino también políticas específicas que incentiven la inversión y el desarrollo tecnológico que aseguren la competitividad.

Debe promoverse el desarrollo de encadenamientos entre la agropecuaria y otras actividades económicas de zonas rurales. La agroindustria permitirá incorporar a los pequeños agricultores a las cadenas de valor y el agroturismo y el ecoturismo prometen ser alternativas interesantes de generación de demandas por productos y servicios agrícolas, ingresos y empleos, que además se convertirían en fuentes de divisas.

Colaboración: Raudy Cruz, empresario agrícola, Constanza

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